Saturday, February 19, 2011

Día 12957

"Todas nuestras tragedias, en algún universo paralelo, son alegrías"
D. Gomberoff

Saturday, February 12, 2011

Día 12950

Al revés de lo que se esperaba, he (intentado abandonar) abandonado (casi) todas las seguridades que la cultura me ofrecía, para acercarme, pellizcar siquiera, la felicidad. 
En eso estoy.
Aunque no lo creas 
(o no quieras creerlo) 
(o no puedas).

Thursday, February 10, 2011

Monday, January 31, 2011

Día 12938

Now that I've met you 
Would you object to 
Never seeing each other again.

Día 12938














Febrero 1.

Thursday, January 20, 2011

Día 12927

El resto es silencio.

Sunday, January 16, 2011

Día 12922

¡Qué ganas de decirte tantas cosas que ya no tienen ninguna importancia!

Thursday, January 06, 2011

Día 12911

“There is nothing so cruel in this world as the desolation of having nothing to hope for.” 


Haruki Murakami, The Wind-Up Bird Chronicle

Día 12911

La soledad es perder la libertad.

Thursday, December 30, 2010

Día 12904

Yo pienso que
no son tan inútiles
las noches que te di

Thursday, December 23, 2010

Día 12897

Ok.
Llévatelo todo.

Sunday, December 19, 2010

Día 12893

He tenido demasiado peligro 
Y la gente en las calles
Estoy buscando ángeles
Tratando de encontrar algo de paz
Creo que ya es tiempo
Que me hagas saber
Si es que me amas
Di que me amas
Pero si no solo déjame ir…

Porque, profesor,
Hay cosas que no quiero aprender
Y la última que conocí
Me hizo llorar
Así es que no quiero aprender a
Abrazarte, tocarte
Creer que eres mío
Porque no hay felicidad
Para un niño rico
Cuyo profesor le ha dicho adiós, adiós, adiós

Cuando tu eras solo un extraño
Y yo estaba a tus pies
No sentí el peligro
Ahora siento el calor
Esa mirada en tus ojos
Que me dice no
Así es que crees que me amas
Sabes que me necesitas
Escribí esta canción, sé que está mal
Solo déjame ir…

Y profesor
Hay cosas
Que no quiero aprender
Oh, la última que conocí
Me hizo llorar
Así es que no quiero aprender a
Abrazarte, tocarte
Creer que eres mío
Porque no hay felicidad
Para un niño rico
Cuyo profesor le ha dicho adiós, adiós, adiós

Así es que cuando dices que me necesitas
Que nunca me dejarás
Sé que estás equivocado, no eres tan fuerte
Déjame ir

Y profesor
Hay cosas
Que aún tengo que aprender
Pero lo único que tengo es mi orgullo
Oh, así es que no quiero aprender a
Abrazarte, tocarte
Creer que eres mío
Porque no hay alegría
Para un niño rico
Que simplemente no está dispuesto a tratar

Tengo tanto frío
Por dentro
Quizás solo un intento más…


Saturday, December 11, 2010

Día 12885

Deja la vida volar

Thursday, December 09, 2010

Día 12883

El cuerpo es el último palimpsesto.

Thursday, December 02, 2010

Día 12786

Aquí está otra vez.
La nostalgia de las cosas  pequeñas y tontas. Esa enfermedad... o la derrota, si se quiere. Los recuerdo que vuelven como fantasmas, que se aparecen como se aparece tu cara en la cara de las personas con las que me cruzo al caminar, sin rumbo, por las calles. ¿Cómo sobrevivir a uno mismo? ¿Cómo sobrevivir al derrumbe?
Hace tiempo, mucho tiempo, que el negro quedó atrás: ya es hora de volver al blanco; que este sea un verano blanco.
La nostalgia de las cosas, pequeñas y tontas, está de vuelta.

Thursday, October 28, 2010

Día 12751

"la vida está cargada de cosas enigmáticas, pequeños acontecimientos que solo están esperando el contacto epidérmico, nuestra mirada, para desencadenarse en una serie de hechos causales que luego, vistos a través del prisma del tiempo, no pueden sino producirnos asombro o espanto"

Amuleto, R. Bolaño

Wednesday, October 13, 2010

Día 12736



And darling, you should know
That I have fantasies about being alone
It's like love is a lesson
That I can't learn
So I make the same mistakes at each familiar turn.

"A Diamond and a Tether" 
Death Cab For Cutie

Saturday, September 11, 2010

Día 12693

Mirar
a la muerte
de frente,
mirar
a la muerte
de frente.

Wednesday, September 01, 2010

Día 12683

Homenaje a Rodolfo Rojo B.







Conocí a Rodolfo Rojo, como profesor, hace 13 años, en marzo de 1997, cuando dirigió mi seminario de tesis de pregrado en la Universidad de Chile. Luego fui su ayudante por cinco o seis años y posteriormente dirigió mi tesis de magíster.
Para aquellos que no lo conocieron, el profesor Rojo era, como muchos de los que están aquí, profesor de Estado en Inglés de la Universidad de Chile. Además, fue Master of Arts en Lengua y Literatura Inglesa de la Universidad de Mount Allison, Canadá; tenía estudios de postgrado en la Universidad de McGill (Montreal) y Princeton (N.Y.), en ambos casos, como becario Fulbright. Allí, conoció y trabajó con profesores tan importantes en el ámbito de la educación como fueron como Willard Thorp, Lawrence Thompson y M. Louis Rosenthal, entre otros. En Chile, fue profesor de literatura del programa de bachillerato Internacional en The Grange School y Santiago College, así como también profesor de literatura inglesa en la Universidad de Chile, en la Universidad de Valparaíso y en la Universidad de Ciencias de la Educación. A principios de esta década, fue distinguido por el Instituto Chileno Norteamericano por una trayectoria de más de 50 años difundiendo el idioma inglés y su cultura. Publicó también obras críticas acerca de W. Shakespeare, W. Whitman y una antología de poesía inglesa que cubre nada menos que 900 años. Por último, creó el texto de estudio Encounters, el cual fue, en su momento, un texto revolucionario para la enseñanza del inglés y que sirvió de modelo para los actuales textos de estudio que se utilizan en la enseñanza de este idioma que hoy nos reúne. Fue un texto revolucionario debido a la actualidad de los contenidos sobre cultura que este poseía y que daban cuenta del mundo en que el estudiante estaba inserto. 
Es quizás está última característica una de las más importantes en su persona. Rodolfo Rojo, como señaló en su momento el profesor Juan Vargas, estaba siempre al tanto de lo “contemporáneo”, de la literatura actual y de lo que sucedía día a día en términos culturales. Para él, eso sí, lo contemporáneo no tenía relación con lo que se había escrito o hecho hace diez o veinte años atrás, sino que por el contrario, era lo que había sido publicado ayer o hace una semana en revistas como The New Yorker, Rolling Stone y otras. Rodolfo quería siempre saber que era lo último que se leía o discutía y casi nunca se quedaba tranquilo con respecto a sus conocimientos. En este sentido, la aparición de internet fue un milagro y un desafió para él: en la misma medida en que intentaba dominar toda la información que era posible adquirir en la web, se dejaba llevar por ella mientras la integraba a la clase que realizaría la semana siguiente. Rodolfo siempre estaba al tanto de lo que sucedía en materia cultural, artística y política en Estados Unidos e Inglaterra.
Que no se entienda mal: pese a esto, Rodolfo valoraba los clásicos por sobre todas las cosas. Juntos, enseñamos desde Shakespeare hasta Norman Mailer, pasando por los románticos ingleses, la época victoriana, T. S. Eliot, E. Pound y los grandes autores estadounidenses como E. A. Poe, W. Whitman, W. Faulkner, E. Hemingway, F. S. Fitzgerald y otros.
Sin embargo, Rodolfo Rojo fue más que un profesor. Para nosotros, en Rodolfo la palabra “maestro” adquiría todo su significado. Había en él algo de los antiguos maestros socráticos. Aquellos de quien uno no solo aprendía durante sus clases sino que también, y quizás sobre todo, en la vida diaria, en las conversaciones cotidianas, en los pasillos. Cada plática con él era un viaje nuevo que permitía aprender y disfrutar de la vida. Cada conversación implicaba interrogarse uno mismo acerca de los verdaderos motivos por los cuales a uno le gustaba uno u otro autor, o reflexionar profundamente acerca de la situación política nacional o internacional. Y Rodolfo escuchaba, siempre escuchaba, porque le interesaba, sobre todo, saber qué pensaba uno, como veía el mundo la gente joven. El profesor Rojo siempre preguntaba a sus alumnos qué pensaban sobre este o aquel texto porque quería conocer cuán grande era la diferencia entre el mundo que él veía y lo que sus alumnos recibían de él. No por nada, creía firmemente en aquella frase de H. Bloom en la que definía a la obra literaria como el campo de batalla de la psique.
Aún más. Para quienes tuvimos la suerte de conocerlo mejor, Rodolfo Rojo también fue un amigo, un gran amigo. Muchos de nosotros, lo visitábamos asiduamente en su casa, para compartir nuevos escritores, cambiar películas o escuchar jazz. Y es que en cada cosa que hacía a Rodolfo se le iba la vida: ponía pasión y energía en cada clase al igual como lo hacía con sus traducciones, las que revisaba minuciosamente, una y otra vez, hasta dar con el sentido que él creía representaba mejor la idea original del poeta. Un ex alumno del profesor Rojo escribió, a propósito de su muerte, que Rodolfo sabía que la vida se le iba y eso lo comunicaba en las clases. Había una urgencia por seguir enseñando, por alcanzar a leer por última vez algunos de sus textos favoritos. Estaba apurado por vivir, señalaba este alumno, pero tranquilo.
En los últimos años, para mí, Rodolfo se fue pareciendo cada vez más a ese tremendo personaje de W. Shakespeare que fue el Rey Lear. Como el monarca, en vez de repartir sus tierras entre sus hijas, Rodolfo entregaba su conocimiento entre los pocos quienes sabíamos que existía. Y en vez de perder la cabeza por el actuar de sus hijas, Rodolfo se extrañaba día a día del rumbo que tomaba este país, su país, sin lograr entenderlo del todo.
El mejor homenaje que le podemos hacer quienes lo extrañamos hoy día es seguir leyendo sus obras preferidas como lo fueron los poemas de John Donne, de T. S. Eliot o de Allen Ginsberg y seguir difundiendo la enorme tradición cultural que se encuentra detrás de la enseñanza del idioma inglés. Mientras, los que quedamos aquí, te decimos, gracias Rodolfo Rojo, por una vida dedicada a enseñarnos.